En la hora más tonta del día, en la más perezosa… me gusta pararme a soñarte.
Te invoco despacito y dejo que se me encoja el corazón un poco, sólo un poquito.
Te vas filtrando en mi mente y recorro cada recuerdo, cada momento juntos; saboreo tus gestos, tu risa, tu mirada… y es al llegar a tu mirada cuando se me encoge el corazón otro poquito; aguanto la respiración un instante y continúo.
Cuando se terminan los recuerdos, como no son muchos, me invento los míos.
Y te imagino a mi lado, disfrutando de todo lo que no hicimos, saboreando los platos que nunca pedimos, borrachos de un vino que nunca elegimos.
En la hora más tonta del día… me gusta inventarte un poquito.
Tiempo para hacer lo que querría hacer. Si tuviera tiempo de querer hacerlo.
Tiempo para inventarme una explicación. En lugar del eterno “no tengo tiempo”.
Tiempo para compartir la vida, para hacer un bizcocho, para cerrar los ojos, para un café rápido, para leer, para mirar por la ventana, para escribir, para ofrecerte un paragüas, para dormir, para mirarte, para arreglar el mundo, para contarle un cuento, para comprar un disco, para aburrirme, para sentarme en esa silla a ver pasar la vida.
Es tan simple que cuando lo leas pensarás “¿Cómo no se me ha ocurrido antes?”
Y además lo voy a compartir contigo. Y gratis. Luego te explicaré por qué…
Presta atención:
Si realmente lo que quieres es tener cada vez más y más dinero, lo único que tienes que hacer es encaminar, siempre y en cada momento, tus pasos hacia ese objetivo. Que cada uno de los actos de tu vida te dirija a ser cada vez más rico.
Me explico: ¿Qué estás haciendo ahora? Leer este blog. ¿Eso te da dinero? El título te hace sospechar que sí. Vas bien. Pero si lo leíste ayer hiciste mal: hasta ahora este blog no ha hecho ganar dinero a nadie, que yo sepa: perdiste el tiempo. Podías haber estado generando pasta.
Has quedado esta tarde con amigos. ¿Eso te hace ganar dinero? Si tus amigos son posibles socios que te van a ayudar a conseguir tu objetivo, si te van a contratar, si les vas a poder vender algo… vas bien. En realidad no has quedado con amigos: se trata de una inversión. En cualquier otro caso vas mal. Fatal. Vas a perder horas de tu vida en las que podrías estar haciendo negocios, y encima vas a gastar dinero que no va a generar más dinero…
Esto vale para las vacaciones, para el ocio… busca la forma de compartir estos momentos con quien sepas que te puede ayudar a conseguir tu objetivo.
¿Vas viendo a lo que me refiero?
¿Que te aburres? ¿Que quieres pasar buenos ratos con amigos? ¿Que te gusta el cine? Ya… y a mí… pero no soy yo la que quiere ser millonaria ;-)
Yo quiero ser feliz.
Vuelve a leer lo anterior y cambia “dinero” por “felicidad”.
Esa es mi meta.
¿Qué estoy haciendo hora? Escribir este blog. ¿Hay algo que me haga más feliz en este momento? No.
Que deje de llover, que se ponga verde el semáforo, que me quieras, que termine de bajarse esa canción, que se vaya , que llegue el sábado, que acaben los anuncios, que baile conmigo, que termine la clase, que llegue el verano, que pasen los exámenes, que se calle, que lleguen las vacaciones, que hierva el agua de los spaguetti, que me mire, que aparezca la gasolinera, que se acabe esta tristeza, que saquen un nuevo disco, que vuelva a tener ganas de tener ganas, que no me cuenten el final, que se me seque el pelo, que se ponga el sol, que me escriba, que no me vea…
Decido cuánto tiempo quiero pasar con cada una de ellas. Me tambaleo en la cuerda floja que las separa, pero me mantengo a flote e intento llenar mis pulmones con una bocanada de aire fresco cada vez que tengo ocasión.
A veces me siento como en una eterna lucha contra la apatía. De pronto decide instalarse y yo decido que no quiero. Coqueteo con ella, la miro de reojo, la abrazo, se escurre, la miro de frente, se escapa, jugamos, me gana…
Es traicionera, porque se viste de comodidad, te adormece, te dejas llevar, y cuando te quieres dar cuenta has cerrado los ojos y has saltado al vacío.
Pero en el último instante alargo una mano y encuentro un punto de apoyo. Y me rebelo, y decido que no me voy a dejar vencer tan fácilmente.
Y como es poco amiga de todo aquello que le cueste algún esfuerzo, decide que ya ha jugado bastante conmigo y se retira…
¿En qué momento la fantasía se antepuso a las ganas de luchar?
¿Por qué aparqué la ilusión para refugiarme en los sueños?
¿Cuándo me cansé de tu voz, de tu risa? ¿En qué instante comencé a cambiarlas por ficciones inventadas?
Tuvo que haber un comienzo, un primer paso para esta vida de ilusión y aislamiento.
En algún momento elegí la fantasía a la realidad, me aislé en un mundo soñado y comencé a caminar por senderos que, a fuerza de imaginarlos, se hacían cada vez más y más encantadoramente sólidos.
En algún momento emprendí este camino a través del espejo en el que ni tan siquiera mi reflejo es lo que parece…