Cada día recibo de mis alumnos las mejores lecciones. Me enseñan cuándo hago las cosas bien, cuándo no, cuándo acierto, cuándo me equivoco, cuándo aprenden, cuándo se aburren…
Quizás el concierto de hoy no haya sido el mejor de mi vida, ni el de la suya. Seguro que tampoco ha sido técnicamente el más complicado, ni el más elaborado musicalmente hablando. No ha habido grandes alardes de técnica instrumental, ni solistas virtuosos despellejándose los dedos sobre el instrumento. No hemos tenido ocasión de escuchar grandes obras musicales que te ponen los pelos de punta, ni ha habido momentos tan intensos que nos hayan dejado sin respiración…
Pero en cambio ha habido caras de alegría, ha habido sonrisas, ha habido ganas de pasárselo bien, ha habido nervios, se nos han pasado, nos lo hemos pasado bien…
Y ha habido risas.
Risas sinceras de un público que se divierte, risas nerviosas de alumnos que no lo saben, pero también se divierten. Risas de compañeros, risas de profesores, risas de amigos, de familiares, risas que daban risa…
Y hemos hecho música.
A nuestra manera: porque nos lo pasamos bien, por el palcer de disfrutar con algo que estamos creando, porque nos gusta, música desenfadada, divertida, un poco descuadrada, pelín desafinada… Pero música.
Y ha sido gracias a vosotros, que me decís cuándo hago las cosas bien, cuándo las hago mal, cuándo me equivoco, cuándo acierto…
Os debo una.
¡¡Gracias!!