miércoles, 24 de noviembre de 2010

Miedo



De pronto me he visto rodeada de abismos que sólo podía sortear cruzando puentes imposibles.

Y yo, que jamás he temido a las alturas, me he visto desesperada de terror, y tirada en el suelo he llorado de angustia, de impotencia, de rabia… de miedo.

Y al despertar me había quitado un gran peso de encima.

Sí, tengo miedo,

¿Y qué?

viernes, 19 de noviembre de 2010

Espabila



Lánzate de lleno, despierta de una vez, echa a correr, respira.

No te quedes atrás, bebe hasta la última gota, siente el calor, el frio, camina.

Dale la vuelta al espejo y rómpelo en mil pedazos. Mira cómo cada uno de los pedazos te mira.

Brinda con la vida.

Espabila…

jueves, 11 de noviembre de 2010

No te recuerdo



No te esfuerces, me pasa siempre. No importa lo que hayamos vivido, para mí ni siquiera eres historia: simplemente, no te recuerdo.

Pasaste por mi vida, fuiste importante, meses, días, semanas, años… Pero ya no queda ni una sombra… nada… cero.

Seguramente me hiciste feliz, o no… no tengo forma de saberlo.

Fuimos, vinimos, paseamos, nos mojamos, nos reímos… un album de retales que se olvida antes de ser abierto.

Afortunadamente me conozco y hace mucho tiempo que no le juro a nadie amor eterno.

No te enfades, no es nada personal. Es sólo que no me acuerdo.

sábado, 30 de octubre de 2010

Ganas de llorar


Hoy me apetece estar triste. Pero no quiero.

Llevo todo el día luchando contra una inercia que me hace querer llorar, y me obligo a no pensar cuando ya es tarde, y me obligo a sonreír cuando ya no me sale.

Llevo todo el día saboreando un preludio de tristeza, anticipando momentos que antes o después han de llegar, y me rebelo porque no quiero, no quiero estar triste, no quiero llorar…

Llevo todo el día repitiéndome que soy fuerte, que nada me afecta, que ya he pasado por esto, que lo he superado, que estoy por encima del bien y del mal, que lo que tenga que ser será, que así es la vida y que a mí me da igual.

Y cuando menos lo espero se asoma de nuevo la pena, me vuelve del revés, me pilla desprevenida, me hace tener ganas de llorar. Lucho, me rebelo, me río sin ganas, me miro al espejo, me pongo guapa, leo en mis ojos… y me apetece llorar.

Y me tropiezo con dos lágrimas que ruedan solitarias por mi mejilla, y me repito que no son mías, que pertenecen a esa persona vulnerable que ya no soy yo, que salen por debajo del yo que me he construido a la medida.

Y me envuelvo en capas y capas de insensibilidad, como una cebolla que no quiere ver su realidad.

Y no quiero, pero tengo ganas de llorar…

miércoles, 27 de octubre de 2010

Orgullo intacto


La vi pasar pisando fuerte, con ese caminar propio de las personas decididas, así que murió en mi boca el saludo: no se molesta a las diosas cuando se dirigen al Olimpo.

Al recordarlo creo adivinar en su mirada un atisbo de tristeza, pero no puedo jurar que no fuese indiferencia, que yo atribuí en el momento a la poca importancia que para ella tenía el mundo que la rodeaba. Nada podía apartarla de su objetivo, y mucho menos el paisaje urbano por el que se movía a diario.

Me gustaría decir que adiviné su determinación, que leí sus pensamientos, que al menos atisbé algo diferente en su forma de caminar, de moverse, de mirar… pero no fue así. Para mí ella fue ese día, igual que todos los anteriores, la sombra inalcanzable que se esfuma en cuanto intentas tocarla.

Sólo puedo explicar lo que pasó si pienso que toda su vida fue una trampa, un engaño en el que todos nos vimos envueltos y con el que ella nos despreciaba a diario.

La mentira más grande jamás contada, el secreto mejor guardado. La historia de una soledad sepultada entre la multitud, un alma angustiada disfrazada de sonrisa para que nada la tocara.

Por eso nos sorprendió tanto saber que todo había terminado, que ya no volveríamos a verla repartiendo su elegancia entre los muchos que soñábamos con esa mirada cada día. Que mañana no nos levantaríamos con la esperanza de cruzárnosla en el camino, que la atención que le dedicaba a otro ya no nos heriría el alma nunca más, que la mirada que era exclusiva para nosotros no volvería a iluminarnos el día…

A veces pienso si no hubiese sido todo distinto de haberla abordado, de haberme cruzado en su trayecto. Pienso mil veces en una revelación, imagino conversaciones en las que, confiada, me descubre su soledad, su angustia. En las que me mira de verdad y lágrimas ruedan por sus mejillas.

Pero nada de eso pasó. Era demasiado perfecta para sufrir, así que, el sufrimiento la arrolló y pasó sin tocarla, sin hacerla daño.

Sin despedirse de nadie, nos dijo adiós con el orgullo intacto.

martes, 12 de octubre de 2010

Mi sueño


Sueño que sueño y me despierto a medias, y entonces sé que estoy en un sueño.

Y me aletargo para no dejarte ir, y la realidad me quiere asfixiar pero no me dejo. No me importa: es mi sueño y lo pienso disfrutar.

Y te abrazo fuerte, y sé que toca despertar, que no me queda mucho tiempo, pero no me importa.

Detengo el instante, me acurruco en tus brazos y me dejo llevar.

Te disfruto. No queda nada. No importa. Se está tan bien...

Déjame que te abrace, que es mi sueño y no sé cuándo te volveré a ver…

viernes, 1 de octubre de 2010

Vestida de sueños



Hoy me visto de sol, de viento, de agua.

Me visto de estrellas, de mar, de olas, de tiempo.

Voy vestida de cielo, de luna, de magia.

De recuerdos, besos, caricias, sonrisas… vestida de sueños.

Vestida de miradas, de días, de noches, de principio, de fin…

Vestida de deseo. Desnuda de ti.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Página en blanco


Una página en blanco me espera, y yo sigo aquí… perdiendo el tiempo para no deshacer la madeja de mis pensamientos.

Pensando en ti, decidiendo que no quiero pensar en ti, volviendo a pensar en ti y mandándome callar con un grito que se ahoga en el silencio que no escucha mi voz.

Acordándome de cuando yo no era nosotros, de cuando tú no eras ayer, de cuando el tiempo pasaba y sólo era tiempo que no iba a volver.

Y me obligo a mirar al futuro, y me decido a adentrarme en el terreno desconocido, en las arenas movedizas de un mañana que me espera frágil, transparente, que me desea y me hace suya.

Pero vienen los fantasmas a poblar mis heridas, y se instalan en este camino que llamamos vida para recorrer juntos los recodos del pasado, los rincones olvidados que amanecen en un mañana sin lucha, en un siempre sin amanecer.

No hay batallas que ganar, no hay recuerdos que perder. Tan sólo hay una vida nueva que se alimenta del ayer.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Es tan fácil...



Déjame contarte que se puede ser feliz, que no es tan difícil… basta con no desearlo demasiado.
Es tan simple como asumir que estamos aquí con ese fin y no con otro, y dar por hecho que así ha de ser.
Déjame contarte que la felicidad no consiste en estar dando saltos de alegría cada uno de los días de la semana. Que consiste en sentirse parte del universo y dejarse arrastrar por la vida.
Déjame explicarte que encontramos la felicidad en cada esquina siempre que miremos con ojos que preguntan y no con ojos que juzgan.
Que los ojos que interrogan hacen que nuestra expresión sea más amable, más ingenua. Que los demás nos tratan con más cariño porque sienten que tienen respuesta para algunas de nuestras preguntas.
Que nos dan las respuestas y con ellas la oportunidad de decir una palabra que te envuelve: Gracias.
Déjame contarte lo bien que te sientes después de dar las gracias. Lo sabio que te hace esa simple palabra. Cómo te ayuda a crecer y a leer en los ojos que tienes delante.
Cómo revives por dentro y sonríes por fuera. Cómo cambia la mirada del que te mira porque te mira y te ve, y se mira y se ve.
Déjame contarte que es tan fácil…

jueves, 16 de septiembre de 2010

Diario de una marciana (3ª parte)



Intentando llevar a cabo mi misión lo mejor posible, trato de ponerme en el lugar de los humanos, de sentir como ellos, de pensar como ellos… pero he de reconocer que no lo consigo, o al menos no siempre.

Al principio no parece tan complicado, me meto en su espiral de sentimientos y trato de mantenerme a flote, de establecer un equilibrio, pero esto es algo que no acabo de conseguir, pues una vez que me instalo en él, algo me hace desequilibrarme. Es como si los humanos buscasen siempre el equilibrio en las posiciones más descabelladas, y yo, al tratar de imitarles, como en la foto, acabo invariablemente en el suelo.

Algo tan simple como vivir, en el ser humano llega a ser una verdadera lucha en contra de la vida misma. Lo que debería ser un dejarse fluir, nadar en la corriente de la vida disfrutando del camino, para el ser humano se acaba convirtiendo en un viaje lleno de golpes, choques, arañazos y rasguños emocionales de los que no consiguen salir indemnes.

De hecho, la mayoría de las veces, ni siquiera tratan de curar las cicatrices para que desaparezcan, sino que hurgan en la herida una y otra vez para que no llegue nunca a cerrarse y les recuerde a cada momento el instante en el que se la hicieron, recreando el dolor cada vez que la rozan, o simplemente la miran.

Es como si se hubiesen propuesto ser infelices, y a cada momento, en especial en aquellos en que yo más veo que la vida les sonríe, se entretienen en enumerar una y otra vez todas las cosas que les hacen ser infelices, pero no con el fin de solucionarlas, sino más bien como el que colecciona cromos: para ver cuáles te faltan y sentirse muy orgulloso de tenerlos casi todos.

Esta creo que es una de las muchas cosas que jamás llegaré a comprender de los humanos. De verdad que me esfuerzo, pero es como si hubiese un choque frontal entre mi naturaleza y la suya. Y sé que esto no beneficia en nada a mi misión, pues esa brecha que se abre y que cada vez es más grande, me puede hacer distinguirme de una manera que no me hace pasar precisamente desapercibida, pero de verdad que no lo consigo…

Afortunadamente, casi siempre los humanos están muy ocupados contando y recontando sus heridas, y no me prestan demasiada atención, así que de momento creo que no corro peligro de ser descubierta.

Continuará…